miércoles, 5 de octubre de 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
viernes, 29 de julio de 2011
Las últimas palabras me gustan tanto como las primeras.
Las últimas palabras me gustan tanto como las primeras, aunque no exactamente en el mismo sentido que a Miles Halter. Me encantan las últimas palabras que pronuncian los criminales antes de se ejecutados, cuando intentan ser ingeniosos recordándole al pelotón de ejecución que no tiene todo el día; o cuando insisten en su inocencia, lo cual lleva a uno a comprender lo irrevesible que es la pena de muerte. ¿Cuántas veces se ha demostrado que el asesino era otro después de la muerte de un inocente atrapado en una situación terrible? Me encantas las últimas palabras de los poetas, escritores y dramaturgos que dejan bellas notas de suicidio o cantan al amor en su lecho de muerte. Y también las de las personas que son fieles a la profesión hasta el último aliento, como los gramáticos o esos bichos raros obsesionados con los tecnicismos de las palabras, que antes de dejar esta vida exclaman algo similar a: <<"Me estoy muriendo" o "Estoy a punto de morirme", ambas son correctas>>. No sé si la cita es exactamente así, pero lo importante es la idea.
Me encanta el arte y la libertad que ofrece, y me encanta cómo estimulan mi mente las últimas palabras. Podría perderme en mis pensamientos durante años si no fuera por que es necesario comer, beber e ir a la escuela.
Ojalá grabaran las últimas palabras de la gente corriente. No pueden encontrarse ni en internet ni en las bibliotecas. Cuán insignificante es uno si no ha hecho algo que la sociedad valore, si no ha crecido ni tenido esa posibilidad, o si no ha disfrutado de las oportunidades que se les han brindado a otros. Entonces las últimas palabras de uno carecen de importancia..
Me encanta el arte y la libertad que ofrece, y me encanta cómo estimulan mi mente las últimas palabras. Podría perderme en mis pensamientos durante años si no fuera por que es necesario comer, beber e ir a la escuela.
Ojalá grabaran las últimas palabras de la gente corriente. No pueden encontrarse ni en internet ni en las bibliotecas. Cuán insignificante es uno si no ha hecho algo que la sociedad valore, si no ha crecido ni tenido esa posibilidad, o si no ha disfrutado de las oportunidades que se les han brindado a otros. Entonces las últimas palabras de uno carecen de importancia..
Soy como una extraña que mira desde fuera.
Suelo peprcibir las pequeñas rarezas de la vida..los pequeños detalles, las pequeñas ironías, como los anillos de compromiso en las casas de empeños o los vestidos de boda sin usar que se venden rebajados en las tiendas de segunda mano. O la mujer gorda que está en la caja del supermercado , con una tarrina de chocolate de dos kilos en el carrito, a la que se le cae el carnet del club de <<Control de peso>> mientras busca la tarjeta de crédito. Son las pequeñas cosas las que nos indican cómo son realmente las personas: esperanzadas, desesperadas, frágiles e inseguras. Las personas no cambian, no aprenden. Saben que los matrimonios fracasan a menudo, pero, aun así, asumen el riesgo porque siempre cabe la posibilidad de que a ellos les vaya bien . Prometen cambiar --dieta, estilo de vida, vicios-- pero una semana después van al supermercado a aprovisionarse de comida-consuelo alta en calorías y se pasan la noche mirando entre sollozos una película de Meg Ryan y Tom Hanks.
Por cosas así me doy cuenta de que soy una extraña.
No me malinterpretéis: Algo para recordar me gusta tanto como a culaquiera, pero yo no me guío por las mismas normas. No corro riesgo. No baso mi felicidad en los demás. No desperdicio el tiempo con falsas esperanzas y, de ese modo, no esperando mucho, siempre me siento agradablemente sorprendida. Carezco de las cualidades que permiten a los demás creer en cosas ilusorias e intangibles como la paz mundial.
Me gusta lo inevitable e irremediable. Las cosas que van a ocurrir quieras o no, las cosas con las que siempre puedes contar, como la muerte o los impuestos.
Soy como una extraña que mira desde fuera. Me gusta que sea así. Sé cuál es mi lugar en el mundo: estar fuera de el.
Por cosas así me doy cuenta de que soy una extraña.
No me malinterpretéis: Algo para recordar me gusta tanto como a culaquiera, pero yo no me guío por las mismas normas. No corro riesgo. No baso mi felicidad en los demás. No desperdicio el tiempo con falsas esperanzas y, de ese modo, no esperando mucho, siempre me siento agradablemente sorprendida. Carezco de las cualidades que permiten a los demás creer en cosas ilusorias e intangibles como la paz mundial.
Me gusta lo inevitable e irremediable. Las cosas que van a ocurrir quieras o no, las cosas con las que siempre puedes contar, como la muerte o los impuestos.
Soy como una extraña que mira desde fuera. Me gusta que sea así. Sé cuál es mi lugar en el mundo: estar fuera de el.
sábado, 28 de mayo de 2011
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