viernes, 29 de julio de 2011

Soy como una extraña que mira desde fuera.

Suelo peprcibir las pequeñas rarezas de la vida..los pequeños detalles, las pequeñas ironías, como los anillos de compromiso en las casas de empeños o los vestidos de boda sin usar que se venden rebajados en las tiendas de segunda mano. O la mujer gorda que está en la caja del supermercado , con una tarrina de chocolate de dos kilos en el carrito, a la que se le cae el carnet del club de <<Control de peso>> mientras busca la tarjeta de crédito. Son las pequeñas cosas las que nos indican cómo son realmente las personas: esperanzadas, desesperadas, frágiles e inseguras. Las personas no cambian, no aprenden. Saben que los matrimonios fracasan a menudo, pero, aun así, asumen el riesgo porque siempre cabe la posibilidad de que a ellos les vaya bien . Prometen cambiar --dieta, estilo de vida, vicios-- pero una semana después van al supermercado a aprovisionarse de comida-consuelo alta en calorías y se pasan la noche mirando entre sollozos una película de Meg Ryan y Tom Hanks.
Por cosas así me doy cuenta de que soy una extraña.
No me malinterpretéis: Algo para recordar me gusta tanto como a culaquiera, pero yo no me guío por las mismas normas. No corro riesgo. No baso mi felicidad en los demás. No desperdicio el tiempo con falsas esperanzas y, de ese modo, no esperando mucho, siempre me siento agradablemente sorprendida. Carezco de las cualidades que permiten a los demás creer en cosas ilusorias e intangibles como la paz mundial.
Me gusta lo inevitable e irremediable. Las cosas que van a ocurrir quieras o no, las cosas con las que siempre puedes contar, como la muerte o los impuestos.
Soy como una extraña que mira desde fuera. Me gusta que sea así. Sé cuál es mi lugar en el mundo: estar fuera de el.

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